Hypopressive
¿Qué pasa si trato de cultivar una segunda piel, de transformar una materia en otra? ¿Cuál es el aparataje que necesito para hacerlo? ¿Qué pierdo y qué gano? ¿En qué momento puedo y debo dejar de hacerlo? Sustraer el aire y expirar los pulmones hasta el punto del vaciamiento? ¿Cómo retornar a la consciencia después de esto? Una fuerza-refugio, oculta tras la superficie y obrando en segundo plano es imprescindible. Debe estar entorno al eje central del cuerpo, entre la pelvis y el diafragma. Un espacio que soporta la intersección de fascias que se extienden por extremidades, hasta llegar a las manos, realizando a su vez el recorrido inverso traduciéndose los impulsos de un lado a otro.
Hypopressive reúne relieves, dibujos y retazos procesuales. Algunos han sido ensamblados sobre bastidores confeccionados a mano, otros en prototipos de vitrinas o expositor. Por lo general se estructuran entre sí, aunque requieren cierta autonomía. Median con la luz a la cual son sensibles las hendiduras realizadas en papel, las dobleces en el metal. Algunos pueden mirarse como se contempla el horizonte, o una visión panorámica desde la cima de una cumbre urbana, incluso desvelando la curvatura de la tierra y las edificaciones y figuras como meros indicios de una trama. En efecto es un cambio de escala lo que a menudo me incita a trabajar.
Hay algunas piezas con desarrollos secuenciales y contornos mudos que oscilan entre curvaturas, rectas y terminaciones quebradizas. Son fruto de
acciones mecánicas y manuales realizadas en el estudio. La plasticidad del alambre de aluminio, ligeramente más moldeable que el hierro y más ligero, fue un aliciente para continuar unos relieves en forma de T. Tiene una inesperada resistencia a las dubitativas muescas que se hacen y deshacen
sobre cada sección vara. En función del tipo de dirección que se les pretende fijar, las varas precisan de delicados reajustes. Los desfases son inevitables y hay secciones que se resisten, extraviadas en el empeño.
Fijando la mirada, pueden leerse desvíos con respecto a la lógica de partida. En esto último se produce una pequeña ironía. Cuando se trata de dar forma a un material, éste a su vez niega muchos de nuestros intentos. En ocasiones terminamos asumiendo estas contradicciones. Al fin y al cabo nos proveen con una suerte de imagen mutante, con extrañezas y disparidades en las que de pronto nos vemos reflejadxs.
¿Qué pasa si trato de cultivar una segunda piel, de transformar una materia en otra? ¿Cuál es el aparataje que necesito para hacerlo? ¿Qué pierdo y qué gano? ¿En qué momento puedo y debo dejar de hacerlo? Sustraer el aire y expirar los pulmones hasta el punto del vaciamiento? ¿Cómo retornar a la consciencia después de esto? Una fuerza-refugio, oculta tras la superficie y obrando en segundo plano es imprescindible. Debe estar entorno al eje central del cuerpo, entre la pelvis y el diafragma. Un espacio que soporta la intersección de fascias que se extienden por extremidades, hasta llegar a las manos, realizando a su vez el recorrido inverso traduciéndose los impulsos de un lado a otro.
Hypopressive reúne relieves, dibujos y retazos procesuales. Algunos han sido ensamblados sobre bastidores confeccionados a mano, otros en prototipos de vitrinas o expositor. Por lo general se estructuran entre sí, aunque requieren cierta autonomía. Median con la luz a la cual son sensibles las hendiduras realizadas en papel, las dobleces en el metal. Algunos pueden mirarse como se contempla el horizonte, o una visión panorámica desde la cima de una cumbre urbana, incluso desvelando la curvatura de la tierra y las edificaciones y figuras como meros indicios de una trama. En efecto es un cambio de escala lo que a menudo me incita a trabajar.
Hay algunas piezas con desarrollos secuenciales y contornos mudos que oscilan entre curvaturas, rectas y terminaciones quebradizas. Son fruto de
acciones mecánicas y manuales realizadas en el estudio. La plasticidad del alambre de aluminio, ligeramente más moldeable que el hierro y más ligero, fue un aliciente para continuar unos relieves en forma de T. Tiene una inesperada resistencia a las dubitativas muescas que se hacen y deshacen
sobre cada sección vara. En función del tipo de dirección que se les pretende fijar, las varas precisan de delicados reajustes. Los desfases son inevitables y hay secciones que se resisten, extraviadas en el empeño.
Fijando la mirada, pueden leerse desvíos con respecto a la lógica de partida. En esto último se produce una pequeña ironía. Cuando se trata de dar forma a un material, éste a su vez niega muchos de nuestros intentos. En ocasiones terminamos asumiendo estas contradicciones. Al fin y al cabo nos proveen con una suerte de imagen mutante, con extrañezas y disparidades en las que de pronto nos vemos reflejadxs.